Peña Minipua

Bando de los Caballos del Vino - Caravaca de la Cruz

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DOS DE MAYO DE 2010, VIVIRLO TAN CERCA, VIVIRLO TAN LEJOS

Tras obtener el Primer Premio de la Carrera de Los Caballos del Vino en el año 2010, dos miembros de esta peña, escribieron para la Revista de las Fiestas de 2011, sendos artículos, que no fueron publicados. Uno de ellos describe como Isabel Valdés, vivió ese mágico 2 de Mayo, desde Eindhoven-Holanda. Tomás García, caballista de esta Peña, nos describe sus sensaciones antes, durante y después de la Carrera.
 
Estas líneas no dejaran indiferente a los amantes del mundo de Los Caballos del Vino, por este motivo, es por lo que nos animamos a compartirlas con vosotros.
-Aquí podéis leer el artículo de Isabel Valdes:
 
A más de 2000 Km. de esta tierra encantadora
 
Esta madrugada no se oyó la alborada de campanas, no vibró la ciudad bajo la amenaza de la traca, no estaban preparadas, ni la camisa, ni la faja, ni el pañuelo, ni siquiera se ha sentido el silencio espectador que precede a la mañana … y sin embargo una inquietante emoción me recorre el cuerpo, hoy es la mañana del dos de mayo, hoy es el mayo del día dos.
 
¿Quien podía imaginarse que en otras tierras tendrían impreso este día en el calendario? ¿cómo imaginar un dos de mayo sin empezar el día con la mirada cómplice de mi madre, sin el frío de la mañana recibiéndome entre tintineos de invisibles cascabeles, sin el sonar de las herraduras contra el asfalto, sin la visión de la magnifica quietud con la que los caballistas engalanan con enjaezamientos al caballo, sin los perfumes de anís, coñac y chocolate danzando con los primeros ritmos de la charanga, sin el bullicioso comienzo del pasacalles desde la Plaza del Templete? 
 
¿Cómo imaginarse un dos de mayo sin ese segundo amecer que supone reunirte con tu peña al final de la Cuesta de la Simona, para, al llegar a la Plaza del Hoyo ser todos, caballo y caballistas, uno, y si salta salto, y si ríe río? ….¿y  sin, al pasar el arco, ver la Gran Vía recibiéndonos gloriosa y entusiasmada porque hoy será nuestro día? ¿y sin el bocadillo de bonito para el niño y la niña, Calle Mayor, excitación, nerviosismo, pasodoble, castillo?
 
Más de 2000 Km. de distancia me separan hoy de esta tierra encantadora, pero yo me lo he imaginado; cada rincón, cada momento. Ya he tomado posiciones y os espero en la cuesta. Uno, dos, tres caballos, el estomago encogido, cuatro, cinco, seis, la mirada en el cronometro, siete, ocho, nueve, diez, pensamientos, sueños, deseos y once: allí llega el Minipúa!
 
La peña ya se ha disuelto entre la multitud y el caballo poderoso acompañado de impecables caballistas se abre paso. Lunadary saluda a la cuesta con un relincho, se resiste a la salida, se revuelve, amenaza con soplido de huracanes, que parece que quisiera perpetuarse con un gesto sublime. Polvo y confusión, caballo y caballistas se repliegan sobre si mismos, un momento de sosiego, y, ahora si, ya están en carrera, fundidos en un solo ser, con más alma, más fuerza, más sangre, estampan sus memorables herraduras, un relámpago de fulgor que corre como el aire, y detrás de ellos se levanta una nube, que es una nube de gloria, que los levanta por los aires despertando a la cuesta que se abre entusiasmada Y así, llegan y suenan, como trompas y clarines, los gritos de alegría de los caravaqueños: «¡8.675!», «¡Minipúa!», «¡Minipúa!», «¡Minipúa», se coloca el primero en carrera.
 
Aún quedan muchos caballos, todavía hay que esperar pero yo lo he visto, lo estoy viendo, pasa como un sueño y aunque hoy no beberé de la copa del triunfo el vino, una inquietante emoción me recorre el cuerpo, y es que hoy es la mañana del dos de mayo, hoy es el mayo del día dos.
 
¡Felicidades Minipua!
Isabel Valdés Marín, 2 de Mayo de 2010, Eindhoven, Holanda
 
-Ahora te invitamos a leer el emotivo artículo de Tomás García:
 
      Mañana del 2 de mayo de 2010. Una mañana en la que algo especial iba a suceder; todo aquello con  lo que un caballista sueña, se iba  a cumplir. Mañana en la que todos los caballistas y componentes de la peña Minipúa, esperaban con mucha ilusión  pero a su vez con gran incertidumbre y responsabilidad, por lo sucedido el año anterior, y las expectativas creadas en torno al caballo.
 
         En el  año 2010 celebramos el 25 aniversario de la peña y también se cumple mi 12º año como corredor en la carrera de los Caballos de Vino y puedo decir que cada año que pasa, lo espero con la misma emoción, nervios e ilusión  que cuando empecé. Quizás sea eso lo que me ha llevado a ganar ese preciado 1º en carrera tan deseado por todos. Desde  aquí no quisiera dejar pasar la oportunidad que me han brindado de contar cómo fue para mí esa mañana tan especial:                     
            Suena el despertador, son las cuatro de la mañana,  impaciente, pero como cada año, con mucha delicadeza cojo la ropa que ya esta preparada del día anterior, me la enfundo e impaciente y con ganas de que todo empiece,  me dirijo hacia la casa de Miguel, donde tradicionalmente, varios componentes de la peña Minipúa, los más madrugadores en este caso, celebramos un pequeño ritual. Allí, Felisa, la madre de Miguel, nos prepara con gran cariño un café que nos servirá para combatir el fresco de la noche, y a su vez, sirve para reunirnos y contar alguna anécdota pasada la tarde anterior.
 
           Ya sobre las cinco,  nos dirigimos hacia la cuadra. Yo, impaciente ya, por asomarme por alguna ventana y ver que el caballo esta bien y hacerlo caminar para comprobar que el día anterior no le ha pasado ningún tipo de factura física. Por suerte, se  encontraba perfecto y  después de darle un pequeño desayuno, alumbrados por el pequeño resplandor de la luna, caminamos hacía la cuadra de Fafi. Allí,  todos los años coincidimos con algunos componentes  de la peña Caprichoso, donde charlamos un rato, este año como si fuese diferente, ellos no estaban allí, y es que este año ha habido varias cosas diferentes y atípicas en la peña. El rito de vestir el caballo también fue diferente y triste, ya que entre nosotros ya no se encontraba esa persona tan querida y que tantas mañanas del día 2 de mayo nos ayudo, aconsejó y nos animó para que todo saliera bien ese día.
 
          Una vez vestido el caballo nos dirigimos hacia nuestro refugio, no sin antes hacer una parada en la calle de San Jorge,  donde habitualmente se había vestido el caballo en años anteriores, para que la familia de Fafi viese el caballo y bebernos esa bebida tan especial  que tantos años nos había hecho Juana  y que este año, por desgracia, no podría preparar. Seguro que  la receta la había dejado en buenas manos. Fue aparecer por la cuesta y las lágrimas corrían por las mejillas de los presentes sin poder contenerlas, todos sabemos lo que ella significó para nosotros.  
        
          Las agujas del reloj marcan  las 7  en punto y hay que hacer un pequeño descanso, ya que la traca empieza a sonar. La mañana del 2 de mayo ha comenzado.
           Camino de la calle Mayor, nos disponemos a subir la “Cuesta de Florentino”, como popularmente se le llama en Caravaca, allí hay varios caballistas reunidos de otras peñas que, entre comentarios, observan atentamente el paso del precioso Caballo del Vino de la Peña Minipúa. Una vez en el refugio, donde la peña esperaba impaciente por ver al caballo vestido, rompen en un aplauso y lo observan con gran ilusión  y  a su vez con un poco de respeto. Ya con la peña, vamos caminando  al son de nuestra charanga por la calle Gregorio Javier, o mas bien hacia la “Cuesta de las Quinielas”, surcando algunos grupos y cábilas que por allí bajan hacía la Gran Vía. Ese es uno de los momentos más bonitos de la mañana para mi. A eso de las 8:30 de la mañana toca hacer otra parada, esta vez en la casa de Tanio, donde su madre, con gran cariño nos prepara  un caliente chocolate con torta que servirá para calentar el estomago de los componentes de la peña.  
 
Todo esto va sucediendo, y no me separo ni un momento de mi compañero de batalla Lunadary. Un poco mas tarde empieza la misa, es la hora de presentar el caballo en el templete, para que las otras peñas  valoren al conjunto de  Caballo del Vino. Este año cuando el caballo entró en el templete se produjo una gran expectación,  ya que el año anterior  no había podido ser visto apenas por los peñistas. Terminada la Misa, empieza uno de los momentos mas emocionantes de la mañana, la Cuesta de la Simona. De momento la sangre empieza a bullir como hormiguillas inquietas, con esas mismas sensaciones empiezan las preguntas de la gente ¿se corre o no se corre?. Evidentemente nosotros ya lo teníamos decidido; no se iba a correr. Nos disponemos a subir la cuesta al paso, por donde muchos otros ya han corrido y otros no.  Pasas entre la multitud que se agolpa en esa calle tan estrecha, se escuchan los aplausos y ánimos. Tu caballo es el único punto de atención, y entonces es cuando sientes  que te corre por la mejilla una lágrima que expresa la tensión que todo esto conlleva.
 
          Ahora toca disfrutar, iniciamos el pasacalles al son de las notas de nuestra charanga, es el momento de la mañana en el cual la peña manifiesta la expresión máxima de su júbilo y alegría a la vez que se dirigen hacia la plaza del Arco, donde esperan las autoridades, antes de acceder de nuevo a la Gran  Vía y de regreso al Templete.
 
          Una vez en el Templete nos disponemos a realizar el tradicional almuerzo, momento en que el caballo se separa de la peña y se dirige junto a algunos caballistas  hacia la casa de Tanio. Los allí presentes ya con los nervios a flor de piel, intentamos comer algo y refrescarnos para coger fuerzas y afrontar el tramo final del día, a la vez que revisamos al caballo  a ver si está preparado para el esfuerzo final. A eso de las 2 de la tarde suena por la megafonía del templete, “¡qué se prepare la peña Minipúa!”. Ha llegado el momento, sin darnos cuenta, vamos avanzando acompañados de la peña y nuestra charanga, aunque yo ya no oigo la música y apenas veo otra cosa que no sea mi caballo.  A medida que vas pasando por la calle Mayor, la gente te da ánimos y te desea suerte, ya no hay vuelta atrás, sólo quedan unos metros para la prueba final. Entre los  caballistas nos cruzamos las  miradas, todos sabemos lo que tenemos que hacer, cada uno sabe su misión. La música deja de sonar, cada componente de la peña corre para colocarse en un hueco de la cuesta, para ver la carrera de su caballo. Por megafonía, se oye: “¡puede iniciar la carrera el caballo del la peña Minipua!”, el corazón se detiene como por arte de magia, los nervios han desaparecido, nos disponemos a colocar el caballo como todo el año hemos estado ensayando. En la salida de la cuesta hay un gran murmullo y una gran expectación por ver a ese impresionante caballo correr, al principio parece que todo va ir bien, pero un golpe de una vara al caballo me derriba y a punto ha estado de echar todo el esfuerzo de un año por tierra. Consigo incorporarme y otra vez intentan arrear al caballo. La gente se impacienta, esta vez le ha tocado sufrir la caída a mi compañero, lo miro de reojo a la vez que sujeto el caballo y  por suerte se incorpora, ahora toca pensar y en eso Fafi es un genio. Relaja el caballo y nos tomamos un respiro, cogemos el ramal como si nos fuera la vida en ello, y como si el caballo supiera lo que tiene que hacer, se gira hacia la cuesta del castillo y con todas sus fuerzas, echa a galopar; para eso ha nacido y es lo que sabe hacer. Yo, como si fuese un sueño, no veo nada, sólo un resplandor blanco; oigo un gran griterío, aprieto el ramal con todas mis fuerzas y por mi cabeza solo pasa llegar a la meta. Sólo han sido uno pocos segundos, pero parece que ha pasado un año. Ha sido impresionante, al llegar a la meta miro, y veo que vamos los cuatro, en ese momento me lanzo al suelo y grito, porque sé que algo importante ha sucedido. Nos fundimos en un abrazo como si el tiempo realizado no nos importara, cuando aparece en la pantalla  8,675  los componentes de la peña enloquecen de alegría, parecía un sueño que nunca se iba a cumplir, pero al fin  lo hemos conseguido; y todo esto gracias al esfuerzo que los componentes de la peña, año tras año, hemos realizado sin tirar nunca la toalla. Ahora llega el momento de recoger tan ansiado premio, en el balcón se oye “1º EN CARRERA AÑO 2010  ¡PEÑA MINIPÚA!”. Los componentes de la peña enloquecen de alegría, yo sin poder contener las lágrimas, me subo a lo más alto del balcón, levanto la copa, y la dedico a toda la peña puesto que, gracias al esfuerzo de todos, LO HEMOS CONSEGUIDO. 
 
Y ahora, sí que empieza a latirme el corazón de nuevo, ahora me toca disfrutar de lo que hemos conseguido, y cuando todo ha terminado  y me pongo a reflexionar, pienso que este premio, ha servido sobre todo, para ansiar conseguir más.
 
Tomás García Fernández. Caballista de la Peña Minipúa