Peña Minipua

Bando de los Caballos del Vino - Caravaca de la Cruz

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El Ritual

EL RITUAL DEL 2 DE MAYO.
 
El día 2 comienza como tal en la tarde del 1 de mayo, cuando caballo, caballistas y peña descienden por la cuesta del castillo. Unos bajan alegres con la cabeza alta y henchida de orgullo y otros tristes y apesadumbrados, es una vez que la carrera ha concluido y se han entregado los premios cuando comienza el 2 de mayo siguiente.
 
El ritual como tal da comienzo allá por las dos o tres de la madrugada, el caballista se levanta después de pasar una corta pero intensa noche invadida por los pensamientos, sueños y deseos, especialmente el de subir la cuesta más rápido que ningún otro.  Después de tomar un pobre desayuno (los nervios no dejan caer prácticamente nada en el estómago) el caballista se dirige hacia la cuadra donde descansa su caballo, el cual despierta al oírlo llegar, relinchando y dando manotazos, nervioso y consciente de la tarea que le espera por delante. Después de cepillarlo, limpiarlo y trenzarlo, hay que llevar el caballo al lugar donde se procede al enjaezamiento, tradicionalmente en casa del “Fafi”, en la calle San Jorge, un sitio reservado y casi secreto del cual sólo tienen conocimiento los componentes de la peña y los más allegados a ella.  El enjaezamiento conviene llevarlo en un ambiente de quietud, disfrutando de la imagen del caballo al tiempo que la mañana despunta en el horizonte y comienza a resaltar orgullosa la silueta del Castillo, mientras que los sonidos de campanas y alborada nos van anunciando la llegada de un día especial como pocos en esta tierra. El rito de enjaezar al caballo es un privilegio reservado a unos pocos componentes de la peña, los que más sabiduría acumulan, ayudados casi siempre por los sabios consejos de los más mayores que les precedieron en el ritual, mientras el resto de la peña degusta en silencio algún trozo de torta casera, recién hecha, acompañada por un trago de anís o de coñac que ayuda a soportar el fresco de la mañana.
 
 
En ese mutismo descrito uno se estremece admirando el conjunto formado por animal y manto, es sin duda, uno de los mejores momentos para sentir el orgullo de pertenecer a esta peña. Nos sorprenden sumidos en estos pensamientos los sonidos de nuestra charanga, que nos indican que es el momento en el que hemos de salir, alrededor de las ocho de la mañana hacia la casa del Tanio en la Calle Iglesias para degustar el tradicional chocolate de la mañana, el cual nos servirá para tomar fuerzas que a buen seguro necesitaremos durante el resto de la jornada.  Seguidamente nos dirigimos a la misa de aparición a las 9 de la mañana en el templete, en la que se conmemora el hecho de la aparición de la sagrada reliquia, es el momento en que por primera vez en un año, todos los caballos vuelven a estar enjaezados en un mismo lugar.
 
 
Finalizada la misa, da comienzo la votación de los enjaezamientos de los Caballos del Vino en el que tendremos que calificar las ropas de los Caballos rivales y seguidamente se inicia el primero de los Pasacalles, enfilamos la cuesta de la Simona, donde las peña observan la evolución de sus caballos, indagando en sus posibilidades y buscando indicios de la fuerza y hacer del resto de caballos, en una carrera no oficial pero espectacular. El pasacalle sigue por calle del Hoyo, Vidrieras, Gregorio Javier, Plaza del Arco (donde se presenta el caballo a las autoridades), Gran Vía y Maruja Garrido hasta de nuevo encontrarnos en el Templete. En este pasacalles lleno de música, alegría, vítores a su caballos los miembros de la peña tienen el privilegio de cogerse a su caballo y sentirse como auténticos caballistas, finalizado dicho pasacalles tiene lugar el almuerzo y durante el cual el caballos se le cuida, se le da agua  y se le pone a punto para el gran momento. Alrededor de las 13:00 horas da comienzo el pasacalle que lleva a los Caballos del Vino al Castillo Santuario donde se celebrará la legendaria carrera de los Caballos del Vino, un pasacalles este último lleno de tensión e incertidumbre para los caballistas y también para toda su peña pero siempre amenizado por pasodoble de la banda de música.
 
Conforme se acerca el momento de la verdad, la hora de la carrera, en los rostros de los componentes de la peña comienza a reflejarse la tensión y la trascendencia de los segundos venideros, tan ansiados por los caballistas y tantas veces rememorados a lo largo del año. Las conversaciones se hacen cada vez más breves, y los caballistas más parcos en palabras, es una sensación que se me hace difícil definir, es una mezcla de fervor y pánico. Los caballistas se desean suerte unos a otros mientras que les asaltan todo tipo de pensamientos; que el caballos suba bien, que nadie se cruce, que subamos los cuatro…
 
 
Llega el momento, los cuatro caballistas y unos cuantos componentes suben al caballo hasta el último tramo de la cuesta del castillo mientras el resto de la peña se disemina por el mismo, luchando por encontrar un hueco entre la multitud para ver subir a su caballo. Los caballistas encaran el caballo con la mirada puesta en lo más alto de la Cuesta, el griterío de la multitud es un ruido sordo en sus cabezas al que apenas pueden prestar atención, un buen momento para encomendarse a sus antepasados y la divinidad, pero es tan solo un breve instante de respiro antes del momento de la salida. El caballo arranca en galope bravo y la gente se abre a su paso, la gente grita de entusiasmo a su paso mientras el resto de la peña aprieta los dientes y pone mentalmente alas a los pies de los caballistas. Dos, tres, cuatro segundos, se produce una simbiosis entre hombre y animal corriendo hombro con hombro, apenas 8 segundos y los cinco en un solo cuerpo cruzan la línea de meta. Lo que viene a continuación depende del desarrollo de la carrera, son miles de gracias a la Stma Cruz por estar todos bien, por haber conseguido un buen tiempo, quizás esperar cabizbajos al compañero caído. Una vez confirmado que entran caballo y caballistas las miradas se dirigen al cronometro, los semblantes reflejan el tiempo obtenido, unas décimas pueden condicionar el sentimiento de toda la peña, pero ocurra lo que ocurra, esta siempre va a reunirse y a honrar a sus valientes caballistas.
 
 
La última etapa del día tiene lugar en el balcón del castillo, es sin duda un ambiente más distendido tras el estallido de tensión que se acaba de vivir, conseguir el primer premio de Carrera no supone solamente coger una copa, es el orgullo de sentir que su caballo y su peña serán los mejores durante un año entero, con la cual se rinden merecido tributo a nuestra Patrona, por la cual los jóvenes caravaqueños se juegan el tipo año tras año. Supone también la culminación de todo un año de trabajo, sueños, esperanzas, noches en vela… y justo entonces comienza el 2 de mayo del año siguiente, las peñas reinician el proceso y retoman ilusiones, sueños…Con la ayuda divina de nuestra Stma Cruz volveremos el año que viene.
 
 
Esta es la forma de sentir el 2 de mayo que tenemos en la Peña Minipua, resulta difícil transmitir con palabras este sentimiento nuestro, para nosotros pertenecer a esta peña es un orgullo que estamos siempre dispuestos a compartir con todos los amigos que lo quieran descubrir y queremos extender una invitación a este enorme festejo, para que se hagan participes de él.
 
 
Aquí os dejamos el reportaje realizado en su día por el programa de La Sexta TV "Vídas Anonimas", donde puedes observar todo lo descrito anteriormente, así como lo que se desarrolla en el día 1 de mayo.